«El guardián de su tesoro»
Manolo de Huelva (1892-1976)
Aunque al principio se dio a conocer como concertista de guitarra clásica, Manolo de Huelva encontró su verdadera pasión acompañando al cante flamenco, compartiendo escenario con genios como Manuel Torre, Antonio Chacón o la gran Pastora Pavón. Su forma de tocar era discreta, precisa y muy respetuosa con el cante. De carácter reservado, grabó poco y siempre fue muy celoso de sus falsetas. En 1962 acompañó a un joven Enrique Morente en una conferencia en Madrid. Falleció en Sevilla en 1976, dejando un legado muy valorado por los grandes guitarristas que vinieron después.
Infancia y juventud
Manuel Gómez Vélez, conocido como Manolo de Huelva, nació el 16 de noviembre de 1892 en Minas de Riotinto, Huelva, media hora después que su hermano mellizo, Aurelio. Mientras Aurelio era robusto y fuerte, Manuel era tan delgadito que todos pensaron que no lograría sobrevivir.
Su padre, José Gómez Pérez de León, era tornero, y su madre, Isabel Vélez Mallofrett, lo crio junto a su hermano mellizo, Aurelio. A los 8 años, la familia se trasladó a Huelva capital. Allí Manuel asistió brevemente a la escuela antes de trabajar como aprendiz de sastre, un oficio que perfeccionó y que le permitió mantener siempre una apariencia elegante.
Desde muy pequeño mostró una pasión intensa por la guitarra, llegando a practicar hasta ocho horas diarias. Sus primeras influencias fueron Paco de Lucena y el Maestro Patiño.. A los 17 años debutó como concertista en Sevilla, combinando la guitarra clásica con el flamenco, estilo que sería el sello de toda su carrera.
Primeros reconocimientos y formación
1910, su nombre apareció en la revista Nuevo Mundo como joven promesa de la guitarra. Su formación musical sólida le permitió entablar una amistad importante con Manuel de Falla, quien, según algunos autores, se inspiró en su toque «Farruca del Molinero» de El Sombrero de Tres Picos.
Consolidación como acompañante flamenco
Aunque su trayectoria inicial se desarrolló como concertista de guitarra clásica, la verdadera fama le llegó como acompañante flamenco, respaldando a grandes cantaores como Manuel Torre, Antonio Chacón, Tomás Pavón y Pastora Pavón. Manolo tenía un estilo único para acompañar, con un dominio increíble del pulgar y un compás que parecía nacerle de dentro, algo que lo hizo imprescindible para los grandes del cante jondo. Antonio Chacón llegó a afirmar que era de los pocos guitarristas que verdaderamente entendían el cante.
Grabaciones y giras
En los años 20, tras participar en el Concurso de Cante Jondo de Granada en 1922, Manolo actuó en distintas ciudades andaluzas, como Huelva y Sevilla, acompañando a primeras figuras del cante. Durante los años 30, consolidó su prestigio recorriendo teatros españoles junto a Manuel Vallejo, en plena época dorada de la Ópera Flamenca. Con Vallejo dejó grabados seis discos que son una joya, con cantes como María Magdalena, Llegó el frutero o María de la O, que todavía hoy emocionan a quien los escucha. También acompañó en grabaciones a Enrique Orozco, Manuel Centeno y Canalejas de Puerto Real.
En 1935, el musicólogo Marius de Zayas registró su toque en discos de pizarra, material que fue recuperado décadas después en la III Bienal de Arte Flamenco de Sevilla. Además, participó en grabaciones para La Argentinita. Como Niño de Huelva, nos dejó algunas grabaciones en solitario que son un tesoro, aunque, siendo tan reservado como era, grabó muy poco. José Blas Vega rescató dos grabaciones solistas —unas alegrías y unas sevillanas bailables— publicadas en 50 años de flamencología.
Carácter reservado y vida privada
Manolo de Huelva fue conocido por su carácter excéntrico y reservado. No soportaba la idea de que otros guitarristas pudieran copiarle. En espectáculos como Las calles de Cádiz de La Argentinita, llegó a pedir tocar oculto tras una estructura para no ser observado. En una ocasión en 1968, durante un recital privado en Madrid, detectó que un aficionado estadounidense grababa su actuación y exigió la entrega inmediata de la cinta, negándose a dejarse registrar.
Durante los años 40 y 50, su actividad pública se redujo. Tocó en tablaos como el Figón de Santiago y el Zambra en Madrid, y en reuniones privadas en Sevilla y Madrid. En los 60, se le podía ver deambulando por lugares como Villa Rosa y algunas ventas madrileñas, evitando tocar si intuía que había guitarristas presentes. El propio Andrés Segovia recordó haber escuchado a Manolo de Huelva en Alcalá de Guadaira, acompañando a Manolo de Jerez, poco antes de estallar la Guerra Civil. De aquel encuentro recordaba especialmente una frase de Manolo, dicha en voz baja: «Señor, donde va el cuerpo, allí va la muerte».
Últimos años y legado
En 1962, acompañó a un joven Enrique Morente en la Casa de Málaga de Madrid, durante una conferencia de José Blas Vega, enseñándole cantes antiguos de Silverio Franconetti, Chacón y El Mellizo.. La última vez que se le vio tocar en público fue en 1974, durante un curso de la Universidad Menéndez Pelayo en Santander, un momento que los afortunados que estuvieron allí no olvidan.
Resumen de su legado
Manolo de Huelva es considerado un puente esencial entre el flamenco tradicional y su evolución moderna.
Su toque, sobrio pero cargado de emoción, dejó huella en guitarristas posteriores como Sabicas y Andrés Segovia, quien llegó a afirmar: » Su dedo pulgar debería conservarse como reliquia».
Aunque su vida transcurrió en la sombra y su legado discográfico es escaso, su nombre permanece como un referente de autenticidad, sensibilidad y absoluto respeto al cante.
Su última aparición pública tuvo lugar en el verano de 1974, en el Palacio de la Magdalena de Santander, como parte del curso de música de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, un encuentro que los presentes recuerdan como un momento irrepetible.
🎧 Si quieres profundizar aún más en la figura de Manolo de Huelva, te recomendamos escuchar el programa dedicado a él en Flamenco de Papel, de radio Mijas. Puedes acceder al episodio aquí:








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