Ahora que me trato… me empiezo a caer bien

Este mes, en la sección de Pensamiento, me permito algo distinto.

En lugar de compartir ideas de otros o análisis de lo ajeno, os comparto algo mío, muy personal.

No es vanidad, ni catarsis pública. Es solo que, a veces, cuando uno logra parar, descubre cosas que llevaba toda la vida sintiendo sin saber ponerles palabras.

Y por si a alguien ahí fuera le resuena, lo dejo aquí con todo el respeto.

No sé en qué momento empecé a mirarme distinto. Pero ahora que me trato… me empiezo a caer bien.

La guitarra ha sido —y sigue siendo— el gran eje profesional de mi vida. Aunque, si soy sincero, también ha sido una ladrona con mucho arte. Me dio alegrías inmensas, sí, pero a veces me robó tiempo, presencia, momentos que no volverán.

Parte de mi vida no vivida en aquel momento. Y uno no siempre se da cuenta… hasta que el ruido se apaga un poco. Aun así, le sigo el juego. Porque, en el fondo… me sigue salvando.

Con la jubilación ya asomando a la vuelta de la esquina, he empezado a hacerle hueco a otras cosas. Y entre ellas: tratarme a mí mismo. No con delicadeza —que eso ya sería mucho pedir—, pero sí con algo de tiempo, de escucha y de espacio. Me he reencontrado en la lectura, con un libro entre las manos; en pasear sin rumbo, improvisar sin culpa, tocar sin objetivo… y hasta tomarme ese café conmigo mismo, ese que siempre posponía porque “nunca hay tiempo”.

Durante años, viví sin detenerme. Y claro, aparentemente, la vida no tiene sentido cuando solo estás de paso. Pero basta con habitar lo que haces, estar de verdad en el momento, para que ese sentido empiece a revelarse. Y eso, ahora, no solo lo empiezo a comprender: al redescubrirlo, empiezo a querer vivirlo. Y eso, créeme, no es poco.

Los juegos y risas de años atrás que no compartí con mis hijos cuando eran pequeños… mientras yo bajaba por ese tobogán que no te deja parar ni te da respiro. Las prisas me arrastraban, y los sueños se me quedaban en pausa, restados por la velocidad de una carrera sin sentido. No me di cuenta entonces.

Pero ahora, en esta calma nueva, en esta especie de lucidez tardía, escucho un susurro interior que llevaba años esperando a ser oído:

¡Basta ya! ¡Para de una puta vez, coño… respira, joder!»

Es como si, por primera vez, me permitiera sentarme conmigo mismo sin pedirle permiso al reloj. Porque no es tanto lo que uno hace, sino cómo lo vive por dentro. Y por dentro… empezaban a pasar cosas.

Son las cosas pequeñas las que ahora me salvan: un rayo de sol en la ventana, el olor del pan recién tostado, una canción que tarareo sin darme cuenta. Esas cosas me hacen sentir feliz. Esas cosas sencillas. Porque el tiempo ya no me empuja: ahora me acompaña. Y me va afinando, limando lo que sobra, dejando lo esencial, como una cuerda que resuena justo en su nota.

La guitarra sigue ahí, siendo mi refugio y mi voz, claro que sí, pero ahora comparto su melodía con estos momentos que, por fin, me dedico. Ahora que me dejo ser, me doy una segunda oportunidad. Sin tanto juicio. Solo con afinación y cariño.

Y en esa calma… me he encontrado. Y trato de redimirme de aquellos años vividos sin haber sido consciente de que eso, eso ya era la vida. Saber que un día esto se acaba me hace querer más despacio, con menos tonterías. Y con más verdad. Eso también es música.

Como si el tiempo, ese viejo cómplice, me susurrara bajito:
“Tranquilo… estás bien así.”

Mientras el tiempo susurra, la guitarra sigue sonando. Pero ahora su melodía no me arrastra: me acompaña. Como un nuevo amor recién nacido que, de pronto, te devuelve la ilusión.

¿Y sabéis qué?

Me empiezo a caer bien.
Quién lo diría… después de tantos años aguantándome.
¡Ya iba siendo hora!

4 comentarios
  1. Damián Ruiz Diéguez
    Damián Ruiz Diéguez Dice:

    Qué grande Rafael me ha emocionado leerte, imagino lo que debió ser todo el sacrificio para poder dedicarse profesionalmente a la guitarra, porque yo lo estoy intentando también y la verdad que te obliga a aparcar ciertas cosas, aunque lo hagamos con gusto.
    Creo que es muy necesario quererse mucho y tomarse el tiempo natural para apreciar la vida y sus cosas sencillas, que suelen ser las más maravillosas. De esto se habla en tradiciones filosóficas místicas, lo maravilloso de la contemplación, y teniendo como compañera la música qué más vamos a pedir, sólo disfrutar de este breve periodo de contemplación

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  2. luis miguel garzon
    luis miguel garzon Dice:

    Maestro que bellas palabras de aliento para aquellos que lo queremos y lo admiramos; igual para los que venimos detrás suyo a la mirada del retrovisor .
    Que alegría para mi saber que ya estas encontrando tiempo para desperdiciar deliciosamente; dejar que ese tiempo que nunca fue suficiente hoy pueda sencillamente tomar ese café sorbo a sorbo sin importar que vendrá después premio más que merecido para quien dio todo su tiempo a otros .

    Y aun más para mi ser parte de ese tiempo ya limitado que comparte con migo, una bandera que debo tomar y llevarla a su siguiente destino musical. y demostrar que merezco su tiempo antes que me envié a «fritar pepinillos».

    Tu historia de vida es admirable cada persona que tocas la cambias con el alquimia de tu sonrisa de tu hospitalidad ; yo he sido tocado con esa piedra filosofal gracias a Dios nunca viste el video que te mande para aplicar a el primer Intensivo .

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  3. Joaquín Teruel Ortega
    Joaquín Teruel Ortega Dice:

    Querido Rafael, el no caerte bien durante tanto tiempo ha sido el motivo por el que nos has caído bien a los demás, pero seguro que realmente no es que no te cayeras bien sino que autoexigías mucho: eso te ha convertido en ese gran maestro de la guitarra flamenca que eres, para mi incomparable maestro, y lo digo con conocimiento de causa puesto que he vivido tus inicios como maestro y tu etapa actual. Quien te conoce sabe la importancia que le das a tener una buena técnica, a sentir y llevar bien el ritmo, a conocer bien la armonía y los secretos que guarda la guitarra, a acariciar los sentidos con una melodía que exprese y transmita lo que sientes en ese momento. En definitiva, ahora que te empiezas a gustar, disfruta de ese universo que llevas dentro porque hay mucho de tu vida en él y nosotros ya lo venimos disfrutando desde hace mucho tiempo. Gracias por todo lo que nos has dado durante todos estos años como músico y como persona, y a partir de ahora ya no te dejes de gustar porque verás las cosas de otro color, y además queremos disfrutar de ese universo musical y personal en su máxima plenitud.
    Un fuerte abrazo y gracias por darnos tanto de ti y por ser como eres.

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    • Rafael Cañizares
      Rafael Cañizares Dice:

      Caray, mi querido amigo Joaquín!!, Qué palabras tan bonitas me has escrito, ¡me has dejado sin palabras! De verdad, muchas gracias por ver todo eso en mí, por entender lo que ha sido este camino con la guitarra y conmigo mismo. Que hayas estado ahí desde el principio y valores lo que intento expresar significa un montón. Te prometo que voy a seguir dándole caña a ese universo que dices, disfrutándolo a tope. Lo de «no dejarme de gustar» me lo guardo como lema. ¡Y espero que sigamos compartiéndolo mucho tiempo! Un abrazo fuerte, amigo, gracias por ser tan grande.

      Responder

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