Tirititran tran tran
Ignacio Espeleta, (1871-1938)
Contada por Chano Lobato , cantaor de Cádiz.
El protagonista de esta historia es un cantaor de Cádiz, conocido como Ignacio Espeleta, (1871-1938). Una noche, tenía la tarea de cantar a dos bailaoras, la “Macarrona” y la “Macarena”. Sin embargo, se encontró en un aprieto memorable momentos antes de su actuación, se dio cuenta de que no recordaba la letra de la pieza que debía interpretar. Las razones detrás de este olvido se perdieron en el eco de las risas y el vino, pero lo que siguió se convertiría en un momento definitorio.
En lugar de dejarse abrumar por el nerviosismo o la incertidumbre, el cantaor abrazó la esencia improvisadora del flamenco. Con una mezcla de audacia y creatividad, comenzó a entonar un «tirititrán» improvisado, dando vida a una melodía espontánea que capturó el espíritu alegre y vibrante de las alegrías.
Lo que comenzó como un momento de olvido se transformó en un legado. La improvisación de aquella noche se integró a la tradición del flamenco como una introducción, salida o temple en el cante por alegrías, demostrando cómo los momentos inesperados pueden dar origen a nuevas expresiones artísticas.
Esta historia es un testimonio del espíritu del flamenco, un arte que se nutre de la espontaneidad, la pasión y la capacidad de transformar los contratiempos en una improvisación que ya forma parte del legado de la tradición oral.



Chano fue un genio de los cantes de ida y vuelta y
Gozaba de una empatía especial y transmitía muchas cosas cuando subía a un escenario, En Cádiz y su provincia está la estirpe de esos cantes, mi tío abuelo Antonio Sánchez Rodríguez «el churruru», fue otro de esa forma de interpretar y enriquecer el cante flamenco de esta zona