Palmaditas en la espalda y el futuro del guitarrista
Tocar para gustar… o tocar de verdad
Con los años uno aprende a distinguir algo muy sencillo pero decisivo: no es lo mismo que te aplaudan a que estés labrando tu propio futuro como guitarrista.
El aplauso es inmediato, cálido y a veces necesario. Sales del escenario con buena sensación, alguien te da una palmada en la espalda y te suelta el “qué bien tocas”. Lo agradeces, claro. Pero al día siguiente, cuando todo se enfría, aparece la realidad: muchas veces ese aplauso no tiene continuidad porque no había nada sólido debajo.
No todas las palmaditas son iguales
Hay quien habla desde la pura emoción del momento… y hay quien realmente ha escuchado. Ese aficionado que nota el compás, el sonido, la dinámica. Esas palmaditas tienen otro peso porque validan tu oficio. Algunas valen oro.
Aun así, conviene no creérselas demasiado. Porque lo que de verdad define tu camino no es lo que te dicen al terminar, sino la consistencia de lo que dejas atrás. No se trata solo de que te llamen, sino de que tú sepas que lo que estás construyendo tiene raíz y puede sostenerse en el tiempo por sí mismo.
El espejismo de los «Likes»
Hoy en día, con las redes, es fácil perder el norte. Recibes muchos “bravo”, muchos corazones, muchos piropos, y crees que estás llegando a algún sitio. Pero si no tienes cuidado, puedes acabar tocando para provocar aplausos… vendiendo tu alma al diablo por agradar a los demás, olvidándote de tu propia evolución.
El momento de la verdad
Llega el momento clave: tienes que decidir si estás tocando para gustar a los demás o para gustarte primero a ti mismo. Cuando tocas solo para agradar, poco a poco pierdes libertad. Te vuelves previsible y condicionado.
En cambio, cuando tocas desde dentro, la música se transforma. Estás transmitiendo tu alegría, tu tristeza, tu paz o tu rabia. Te das cuenta de que cada toque cuenta tu propia historia, tu vida, no un cuento de hadas. No intentas convencer a nadie. Simplemente eres tú, así de crudo y honesto, con el valor de mostrarte tal cual.
Ese toque sincero no siempre levanta el aplauso más fuerte, pero es el que deja huella y el que te permite labrarte un lugar de verdad en este oficio. El flamenco no perdona las máscaras durante mucho tiempo; tarde o temprano, lo que queda es el peso de tu guitarra, tu capacidad de sostener el compás y tu verdad.
Una reflexión final
De vez en cuando, vale la pena preguntarse con honestidad:
¿Estoy tocando para recoger un aplauso hoy… o para construir el guitarrista que quiero ser mañana?
Las palmaditas en la espalda tienen su lugar. Algunas incluso tienen un valor inmenso. Pero no son el centro. Al final, de todos los likes y aplausos que puedas recibir, el más importante es el que tú te das desde dentro cuando sabes que has sido fiel a tu camino. Ese Like tuyo es el único que realmente será para siempre.







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