Después del Superior: cinco caminos reales
En la primera parte compartí mi visión como profesor. Ahora quiero dar un paso más: escuchar a quienes ya han terminado el Grado Superior y están construyendo su propio camino.
Cinco guitarristas.
Cinco trayectorias distintas.
Un mismo punto de partida.
Lluis Castañ: estructura y ambición
Disciplina y método por encima de todo. Y una carencia clara: más formación en gestión de carrera.
Lluis no llegó al Superior con una estrategia laboral definida. Llegó porque quería seguir aprendiendo música. Primero en Castellón, después en Barcelona, donde decidió continuar porque sentía que todavía tenía mucho que absorber.
Del Superior se queda con algo muy concreto: estructura. Método. Ambición ordenada. “Sin esa estructura estaría peor”, reconoce. No solo por el nivel guitarrístico, sino por la forma de estudiar y organizarse.
Eso sí, echa en falta algo que casi todos mencionan en algún momento: formación en cómo gestionar una carrera musical. Porque saber tocar no siempre significa saber moverse.
Su conclusión es clara: con buenos profesores, el camino se facilita. Y en su caso, esa estructura terminó siendo una forma de ganar libertad.
Jordi Prieto: profesionalización y puertas abiertas
Metodología para desarrollar proyectos propios y una puerta real hacia la docencia.
Jordi sabía que no iba a ser fácil. Entró consciente de que sería exigente. Y lo fue. Pero también lo define como “un proceso muy bonito”.
Para él, el Superior fue mucho más que perfeccionar técnica. Fue aprender a estudiar mejor, entender más profundamente la música y ganar confianza con el instrumento. Le permitió desarrollar un proyecto artístico que hoy sigue creciendo y que pronto verá la luz en formato disco.
En su caso, el título sí abrió puertas concretas: conservatorios, escuelas municipales, el acceso al Máster de Profesorado.
“Es duro, pero merece la pena”, afirma. En Jordi se ve cómo aula y escenario no compiten: se refuerzan.
Albert Caro: depuración y salto real
Un nivel base transformado y el prestigio de una formación exigente.
Albert venía del grado profesional, así que el paso al Superior fue casi natural. Lo que más valora es algo que desde fuera cuesta ver: cuatro años de disciplina cambian la base del guitarrista.
“Se nota quién ha pasado por la academia y quién no”, dice sin rodeos.
También reconoce que entró muy joven y que la pandemia condicionó parte de la experiencia. Quizá con más madurez habría exprimido todavía más esa etapa.
En su trayectoria, el título no fue una llave laboral directa, pero sí supuso un aval. Haber estudiado en la ESMUC y con determinados maestros tiene peso en el entorno profesional. Su fórmula es sencilla: estudiar y, al mismo tiempo, meterse en el circuito real de la ciudad. Esa mezcla, dice, es la ganadora.
Gerard Valeta: técnica sin mitos
Acompañamiento profundo y fin de ciertos tópicos.
Gerard empezó casi como un reto personal. No sabía si seguiría más allá del primer cuatrimestre. Pero continuó.
El primer año fue abrumador por la carga académica, aunque con el tiempo encontró su ritmo. Lo que más destaca es el trabajo serio del acompañamiento y la corrección de malos hábitos técnicos que arrastraba desde antes.
En su caso, el título no cambió su situación profesional porque ya tenía su vida encaminada. Pero sí transformó su nivel de conocimiento y su forma de entender el flamenco.
Y desmonta un mito sin rodeos: eso de que no hay que estudiar para ser flamenco, fuera. La calle es necesaria. Pero una técnica bien guiada también es esencial.
Juan Antonio: entender para crear
Comprender la música para poder escribir la propia.
Comprender la música para poder escribir la propia.
Juan Antonio tenía claro que quería dedicarse a la música. El Superior fue una apuesta consciente después del bachillerato.
Para él fue decisivo entender cómo funciona la música y cómo se organiza el mástil de la guitarra. Ese conocimiento le dio herramientas para componer con criterio y desarrollar un repertorio propio que terminó convirtiéndose en su primer disco.
En su caso, el acompañamiento ya lo traía trabajado, pero el Superior le permitió ordenar lo que sabía y ampliar su horizonte.
Su idea es sencilla y directa: estudiar siempre enriquece.
Lo que se repite (y lo que no)
Escuchando a los cinco aparecen coincidencias claras:
- Nadie dice que el título, por sí solo, garantice trabajo.
- Todos valoran la disciplina y la estructura.
- Varios señalan que la gestión de carrera sigue siendo un vacío formativo.
- Y ninguno enfrenta Superior y calle como enemigos.
La diferencia no está tanto en el lugar, sino en la actitud con la que uno atraviesa el proceso.
El diploma no toca por ti.
Pero cuatro años de estudio serio dejan huella.
Y el escenario, como siempre, termina poniendo a cada uno en su sitio.
Cerrar el círculo
Después de escribir mi reflexión y de escuchar a quienes ya han pasado por el Superior, te soy sincero: la conclusión es más simple de lo que parece.
No se trata de elegir entre aula o escenario. Se trata de qué haces tú con el tiempo que decides invertir en tu formación.
El Superior no sustituye a la calle, igual que la calle no sustituye a la formación. Pero cuando ambas se combinan con intención y compromiso, el músico madura antes. Y eso se nota.
Ninguno habló del diploma como salvación automática. Lo que apareció una y otra vez fue disciplina, método, convivencia musical, exigencia. Y una verdad que en el flamenco no admite discusión: el escenario no perdona.
Al final, el compás no entiende de certificados. Pero sí reconoce a quien se ha preparado de verdad.
Hay un dicho popular que dice: “Quien nace para martillo, del cielo le caen los clavos”. Yo no sé si todo está escrito, pero sí sé una cosa: si decides dedicarte a esto en serio, tarde o temprano la vida te pondrá delante las pruebas necesarias. Y ahí no valen excusas.
Porque vivir de la guitarra flamenca no es cuestión de elegir bando. Es cuestión de compromiso.
Y ese compromiso no se firma en ningún plan de estudios.
Se demuestra tocando.
Un abrazo,
Rafael Cañizares










Muchísimas gracias a todos por compartir sus testimonios de forma tan abierta. En lo personal, me ha ayudado mucho conocer sus perspectivas; actualmente me encuentro en una etapa de mucha incertidumbre respecto a mi futuro y formación, y leer estas experiencias me da mucha más claridad sobre hacia dónde puedo aspirar y qué camino tomar.