Moraíto Chico
Hay toques que no se aprenden, se sienten. El de Moraíto Chico es uno de ellos, un lugar sagrado en el flamenco. Su forma de tocar por bulerías era pura esencia: compás, tierra, picardía y duende. Esta falseta que comparto hoy no busca imitarlo —sería imposible—, sino rendir homenaje a su guitarra única.
Moraíto llevaba el ritmo en los dedos. Cada entrada, cada coletilla, era un juego preciso con silencios y acentos, siempre dentro del compás, con la naturalidad del toque jerezano más puro. Sin alardes, su técnica se escondía tras un sonido limpio y sincero que hablaba directo al alma.
Sus bulerías seguían una estructura clara —entrada, coletilla, remate, cierre—, pero en ese marco él creaba, bromeaba y emocionaba. Cada frase suya tenía su sello, un aire de juerga que sonaba a cante vivo. Esta falseta rítmica sigue esa idea: rasgueos secos, compás firme y el alma libre, como los que Moraito soltaba en cualquier reunión de su barrio.
Su toque sigue vivo en Jerez, en las manos de su hijo y en la memoria de quienes vibramos con sus falsetas. He elegido la falseta cuatro de Buleriando por su sencillez jerezana, pero ahí está el misterio: a nivel medio, nadie le dará el soniquete único que Moraíto le imprimía con su toque inconfundible.
Esta falseta forma parte de la sección “Más allá del aula”, un espacio para compartir la pasión por el flamenco y su legado







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