La guitarra que tira del carro
El final de una etapa
Un texto escrito desde ese lugar extraño en el que uno empieza a aceptar que una etapa cambia. No se trata solo de jubilarse o de bajar el ritmo, sino de mirar qué parte de uno mismo se ha construido alrededor de la guitarra, la enseñanza y todo lo que durante años ha tocado sostener.
…y el comienzo de otra
No sé si voy a saber explicar bien esto que me está pasando, pero voy a intentarlo.
Hay momentos en la vida en los que uno empieza a notar que una etapa se está acabando. No porque pase nada grave ni porque ya no te guste lo que haces. Es algo más raro y más difícil de explicar. Como una voz bajita que te dice cada vez más claro: “esto ya no puede seguir igual”.
Llevo muchos años enseñando, acompañando a alumnos en su camino, preparando clases, corrigiendo… Y cuando pasas tanto tiempo haciendo eso, ya no es solo un trabajo. Se te mete dentro, se convierte en una forma de estar en el mundo. Por eso, cuando pienso en jubilarme, o simplemente en bajar el ritmo, no es solo dejar de trabajar lo que me da miedo. Lo que de verdad me asusta es sentir que puedo perder una parte de mí. Porque quizá no me estoy aferrando solo a las clases o a los alumnos, sino también a la persona en la que me he ido convirtiendo mientras lo vivía.
Durante mucho tiempo he sido el profesor, el guitarrista, el que siempre está pendiente de todo, el que organiza, responde y siempre dando caña, el Guitarrista de guardia 24/7, 365 días al año… y 366 cuando el calendario se viene arriba.
Y cuando empiezas a pensar en ir soltando un poco todo eso, aunque sea despacio, aparece esa pregunta que te deja un poco en el aire: ¿quién soy yo si ya no estoy todo el día sosteniendo esta rueda?
Ahora estoy enfrascado en algunos proyectos nuevos. No quiero hacer demasiados spoilers, pero ya van asomando Botellas al Mar y Despacito y… hasta aquí puedo leer. Lo hago porque me apetece seguir compartiendo lo que he aprendido, pero también, siendo sincero, porque me da un poco de miedo parar del todo. Miedo al silencio y miedo a darme cuenta de que una parte de mi identidad estaba demasiado apegada al trabajo.
Pero quizá ese vértigo no sea exactamente miedo al final. Quizá sea la señal de que la piel que he llevado durante tantos años empieza a quedarme un poco estrecha. No porque ya no me sirva, sino porque la vida me está pidiendo otra manera de habitarla.
A lo mejor no se trata de dejar la guitarra ni de dejar de enseñar. Igual se trata de aprender a separar lo que realmente soy de todo lo que he tenido que sostener durante años. Pero entonces aparece la pregunta: ¿cómo se consigue eso?
En el flamenco esto se entiende bastante bien. Una falseta no puede durar para siempre. Tiene su momento, su aire, su cadencia y su remate. Si la alargas demasiado, pierde fuerza. El cierre no es una muerte, es parte del compás. Es lo que permite que entre aire nuevo, que entre otra cosa. Porque a veces, para que empiece una melodía nueva, primero hay que dejar que la anterior termine de sonar del todo.
La próxima falseta ya no tiene por qué ser obligatoria. Puede ser elegida. Puede entrar cuando tenga que entrar, con otro aire y otro pulso. Y quizá ahí esté la clave: no intentar resolverlo todo de golpe, sino aceptar también el silencio entre notas, porque muchas veces es ahí donde uno empieza a escuchar de verdad lo que viene después.
Quizá la manera más natural de conseguirlo sea no resistirme tanto a que esta etapa cambie, sino aceptar que ya está cambiando. Y después de tantos años tirando del carro, también me toca aprender a soltar un poco las riendas.
Sin dramatismo, sin desaparecer y sin dejar la guitarra. Solo rematar esta falseta, respirar, y dejar que el compás me lleve hacia otro sitio.





Entiendo cómo te sientes, yo he pasado por ese proceso casi por fuerza mayor. Es difícil encontrar de nuevo el camino a seguir, pero creo que el camino te encuentras a ti. No pienses en que voy a hacer dentro de unos meses, mira a un corto plazo por ejemplo, que hago hoy, y mañana pues ya veremos. Hace un año no sabía que hacer con mi tiempo, y pensé pues puedo aprender a tocar la guitarra que ahora tengo tiempo y ganas. No sé si fue una buena idea, porque en menudo lío me he metido, pero es el que he elegido y lo voy a llevar a cabo. Espero poder acompañarte en este proceso, y aprender de ti todo lo posible. Abrazos!