La Anécdotas de Niño Ricardo
«Una ‘mierda de uñas’… pero bien ‘arricardaas'»
Niño Ricardo tenía las uñas de la mano derecha curvadas, algo que no pasaba desapercibido cuando apoyaba la mano en la barra o sujetaba un vaso. Él mismo decía, con su habitual sinceridad: «¡Son una mierda de uñas!», refiriéndose a lo frágiles que eran y lo rápido que se rompían. Sin embargo, esas mismas uñas contribuían a ese sonido tan único, tan suyo, tan… arricardao.
Recordaba, entre risas, que un día Ramón Montoya, admirado por todos, le dijo con asombro: «Yo no sé cómo puedes tocar tan bien la guitarra con esas manos que tienes». Y Ricardo, fiel a su desparpajo, respondió: «¡Ni yo tampoco!».
«La voz que quedó… pa’ cagarse en todo»
Tras una operación de garganta que le dejó con una voz ronca y forzada, Niño Ricardo no perdió ni un ápice de su sentido del humor (ni de su descaro). Cada vez que alguien, con más o menos guasa, le preguntaba si era cierto que había «perdido la voz,» él contestaba sin titubear: «¡Sí, pero me quea la suficiente pa’cagarme en tós tus muertos!»
¡Mejillones!
No faltaban momentos en los que su humor negro brillaba más que su guitarra. Contaba entre risas cómo, al hervir mejillones en una olla, imaginaba a los pobres moluscos gritando: «¡Ricardo, maricón! ¡Me cago en tus muertos, joputa!». El público se desternillaba con su manera de narrarlo.
«La broma cruel a Melchor de Marchena»
Esteban de Sanlúcar relataba entre carcajadas una anécdota de juventud que compartía con Niño Ricardo. Ambos se dedicaban a gastarle bromas al pobre Melchor de Marchena, y una noche, tras una juerga monumental, se les ocurrió una broma especialmente cruel: cortarle al dormido Melchor la uña del pulgar derecho… ¡a ras!
El drama llegó al día siguiente, cuando los tres debían actuar en un teatro. El pobre Melchor, al intentar tocar, solo conseguía un sonido ‘pzot, pzot’ con su guitarra. Mientras tanto, Ricardo y Esteban, entre mirada y mirada de Melchor cargadas de rabia, casi se caían al suelo del escenario de tanto reírse.







maestro gracias por compartirnos estas anecdotas tan valiosas con nosotros . un gran abrazo