Escuela de guitarra flamenca del Maestro Rafael Cañizares | Barcelona

Uñas: calvario existencial del guitarrista flamenco

Uñas: calvario existencial del guitarrista flamenco

El cuidado de las uñas se remonta a la antigüedad, y no es difícil encontrar testimonios literarios de todas las épocas que lo acreditan. En la sociedad estamental, unas uñas bien cuidadas constituían indicio inequívoco de pertenencia a la nobleza, pues a nadie se le escapaba que quien lucía una mano sin callos y con uñas perfectas obviamente no se ganaba la vida con trabajos manuales.

Ya en el presente, desde hace unos años se ha puesto de moda lucir uñas perfectamente cuidadas, tanto en las mujeres como en los hombres. Sin embargo, lo que para la mayoría no pasa de ser un simple aditamento estético, para nosotros, los guitarristas, constituye una necesidad imperiosa: la guitarra eléctrica se toca con púa, y resulta irrelevante el estado en que se encuentren las uñas de los dedos que la sostienen; la española, por el contrario, sea clásica o flamenca, se toca con partes de la yema de los dedos y uñas. No es una elección, sino una necesidad. Aparte de que hay técnicas como el trémolo, cuya ejecución sin uñas resulta directamente imposible, la velocidad, la sonoridad y, sobre todo, la limpieza de cada nota depende de cómo se encuentre la uña que pulsa la cuerda. Y, por si fuera poco, los distintos rasgueos, técnica imprescindible en la guitarra flamenca, que erosionan las uñas del guitarrista de manera tal que es imposible pensar que no se van a romper: se rompen, tarde o temprano.

Fácilmente se entenderá que, para el guitarrista (especialmente el flamenco), el cuidado de las uñas trasciende el mero lucimiento estético y acaba representado un calvario sin fin: hay que evitar a toda costa que se nos rompan, y ello nos obliga a buscar algún producto mágico, alguna solución ingeniosa. Vaya por delante que, tras cuarenta años, mi búsqueda constante ha resultado infructuosa. Pero quiero compartir este camino con vosotros.

En el año 1971 solía comprar una especie de porcelana china en cierto lugar de Barcelona, en una tienda que suministraba lámparas de polimerización, compresores de aire, incluso material protésico para odontólogos. Vamos, todo lo necesario para conseguir una bonita sonrisa. Y allí, en la tienda “Sudenta” estaba yo, cada dos por tres, comprando un tarro que contenía polvo y otro con un líquido reactivo. Estos ingredientes, al mezclarse, producían una pasta que se extendía sobre las uñas y, una vez endurecida, aguantaba todo tipo de embestidas contra las cuerdas de la guitarra sin el menor temor a que las uñas se partiesen.

Esta maravilla se comercializaba con el nombre de Diapol y posteriormente se difundió (no sé si exactamente el mismo producto o alguno parecido, aunque con el mismo olor característico) con el nombre de Vertex.

Este producto se ha comercializado y su inconfundible aroma se detecta con facilidad cada vez que pasamos por delante de las tiendas de pegado de uñas, que tanto proliferan en la actualidad. Sin embargo, esta solución resulta devastadora para el guitarrista, ya que para pegártelo deben lijarte las uñas primero. Al cabo del tiempo el ciclo se repite. Para colmo, el sonido al tocar la guitarra es más que horroroso. Y, como colofón, si se deja de utilizar, habrá que padecer todo un año las consecuencias de conformarnos con unas uñas del grosor de una capa de cebolla, listas para romperse con solo mirarlas. Advertidos quedáis.

Tras muchos años utilizando la solución anterior, recuerdo que apareció el pegamento “Super Glue” de Loctite. Una vez más, fui uno de los primeros en emplearlo, cuando casi nadie lo conocía, aunque no en el uso para el que sospecho que fue diseñado. Empecé pegando algunas capas de pañuelos de papel y eso me funcionó a medias.

Entre mis compañeros de faena, mi compadre Lucas un día me comentó que, aparte de trozos de pelotas de ping pong, se pegaba en las uñas plástico de una cierta marca de botellas de cola. Ahí empezaron mis indagaciones, que me permitieron sentar una conclusión que hoy os transmito como la mejor sugerencia: el plástico que mejor resultado da es aquel que, al doblarlo, conserva la zona de pliegue del mismo color, sin volverse blanquecino. Si sucede esto último, mejor desecharlo.

En la actualidad utilizo uno concreto cuya marca, bastante desconocida, prefiero no nombrar para evitar la publicidad, pero que no tendré inconveniente en facilitar a todos los que estéis interesados. Podéis escribirme aquí mismo.

En el siguiente vídeo podréis observar en detalle el proceso de fabricación personal que realizo. No obstante, debo formular una advertencia final: el pegamento es nocivo para la salud y puede acarrear alergia en algunas personas. Consultad primero con vuestro médico, ya que él, mejor que nadie, podrá aconsejaros sobre los riesgos que esto puede implicar.

Vamos allá.

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