Escuela de guitarra flamenca del Maestro Rafael Cañizares | Barcelona

El oído: raíz del árbol de la afinación VS afinador a pilas

El oído: raíz del árbol de la afinación VS afinador a pilas

El árbol de la afinación

Saber afinar la guitarra o cualquier otro instrumento musical es un arte y como tal debe ser aprendido. Educar el oído a base de práctica constituye el primer paso para aprender a hacerlo.

La utilización del afinador en determinadas circunstancias puede convertirse en nuestro mejor aliado a la hora de afinar, y resulta muy práctico para todos los alumnos de nivel iniciación, elemental y básico. Claro que, al basarse en un proceso esencialmente visual (la famosa lucecita, generalmente verde, que nos indica la correcta afinación de cada cuerda), la afinación con esta maravillosa muleta tecnológica no ayuda a aprender a afinar por nosotros mismos. Por el contrario, nos vuelve más cómodos y nos deja casi indefensos si algún día no podemos utilizar el afinador. En igual sentido se pronuncian, en su respectivo campo, los marinos más experimentados: el GPS es una maravilla, sí, y hoy día resulta inconcebible salir a la mar sin él; pero conviene saber orientarse también con el sol y las estrellas, porque nunca se van a quedar sin batería.

Por ello, a partir del nivel medio resulta necesario que el alumno aprenda a afinar por sí solo; de lo contrario, se verá en problemas el día que, por la razón que sea, no pueda utilizar la muleta tecnológica que ofrece el afinador. Es más, a partir de cierto nivel, no saber afinar la guitarra implica que nada, absolutamente nada de lo que toquemos, sonará bien. De hecho, aunque hayamos utilizado correctamente el afinador y todas las cuerdas reflejen la deseada “lucecida verde”, nada nos garantiza que la guitarra quede perfectamente afinada, o templá, como se dice en el argot flamenco. Para un guitarrista de nivel medio / alto, cualquier interpretación, por virtuosa que sea, resultará lamentable si se ejecuta con un instrumento desafinado. Recordará, hablando en metáfora, a un hermoso pasaje literario escrito con horribles faltas de ortografía, o a un guiso exquisito con exceso de sal.

Figura 1

Figura 1

La Escala de C Mayor.
Algo de teoría.
Si partimos de la escala de Do ascendentemente se producen progresivamente las siguientes notas:

Figura 2

Figura 2

Estas siete notas, excepto las de Do y Fa, se hallan en la guitarra en distinto orden al hacer sonar las cuerdas al aire de arriba hacia abajo.
Como puede apreciarse la guitarra se afina por cuartas justas, excepto la 2ª cuerda, que es un intervalo de tercera con respecto a la nota sol de la 3ª cuerda.

Figura 3

Figura 3

Los métodos: Pisando en el V traste

Existen distintos métodos y cada guitarrista buscará en mayor o menor medida su propia manera de afinar, basándose en alguno de ellos en concreto o bien en la mezcla de varios a la vez.

Figura 4

Figura 4

El más sencillo de todos consiste en ir pisando en el V traste de cada cuerda (excepto en la 3ª) para afinar esa misma nota con la cuerda inmediatamente inferior, ya que ambas han de producir el mismo sonido.
Las notas producidas pulsando las cuerdas al aire desde a 6ª hasta la 1ª son las siguientes, y en este orden: E, A, D, G, B, E. Según la explicación anterior y, respecto de los intervalos, la guitarra se afina por intervalos de cuarta justa (Fig 5).

Mi sugerencia, al principio, es que en primer lugar afinemos la 6ª cuerda con el afinador y a continuación lo apaguemos; así nos aseguraremos de que en un primer momento lo haremos mal y poco a poco mejor al comprobar posteriormente con el afinador, esta vez encendido, si nos hemos quedado altos o bajos o nos hemos ido por los cerros de Úbeda. Es posible que en este hipotético escenario rompamos alguna que otra cuerda y debamos reemplazarla. No hay de qué preocuparse: el aprendizaje se acelera considerablemente cuando los errores hay que pagarlos, nunca mejor dicho.

  • Paso 1: La 5ª cuerda se ha de afinar pisando en el traste V de la 6ª cuerda
  • Paso 2: La 4ª cuerda se ha de afinar pisando en el traste V de la 5ª cuerda
  • Paso 3: La 3ª cuerda se ha de afinar pisando en el traste V de la 4ª cuerda
  • Paso 4 La 2ª cuerda se ha de afinar pisando en el traste IV de la 3ª cuerda.
  • Paso 5 La 1ª cuerda se ha de afinar pisando en el traste V de la 2ª cuerda.
  • Figura 5

    Figura 5
    Figura 6

    Figura 6

    Es conveniente ir comprobando cómo va sonando el acorde de E Mayor durante cada paso del anterior proceso (cuando hemos afinado dos cuerdas, tres, cuatro, etc).

    Figura 7

    Figura 7

    Los Métodos: Afinación por armónicos naturales

    Otro método bastante común es el que se basa en la afinación con armónicos naturales. Supuestamente, el alumno ya ha debido aprender a afinar con el método anterior y por tanto domina la técnica o técnicas empleadas en producir estos sonidos.

    Es necesario un grado superior de destreza técnica y musical, así como un oído algo más maduro para emitir los armónicos. La técnica guitarristica para hacer sonar la nota del armónico requiere rozar suavemente en lo alto del traste elegido algún dedo de la mano izquierda sobre los trastes V, VII y XII, y, una vez pulsada la cuerda con algún dedo de la mano derecha, el dedo de la mano izquierda que esta rozando el traste deberá apartarse rápidamente. De lo contrario, la nota no sonará.

    Para afinar las dos cuerdas más graves, la 6ª y la 5ª, haremos sonar:

  • Paso 1: Armónico de E en el V traste de la 6ª y el VII de la 5ª.
  • Paso 2: Armónico de A en el V traste de la 5ª y el VII de la 4ª.
  • Paso 3: Armónico de D en el V traste de la 4ª y el VII de la 3ª.
  • Paso 4: Armónico de B en el VII traste de la 6ª y el V&XII de la 2ª.
  • Paso 5: Armónico de E en el VII traste de la 5ª y el XII de la 1ª.
  • Figura 8

    Figura 8

    Una vez creamos que la guitarra ha quedado finalmente afinada, podremos recurrir al afinador como un recurso valioso de comprobación, que nos permitirá efectuar las correcciones que procedan. Hay que tener mucho cuidado durante este proceso, ya que, al afinar la 3ª cuerda, el afinador puede darla como buena, haciéndola coincidir con su luz verde y, sin embargo, ello es engañoso: la luz no ha de llegar a ponerse verde, sino dejarse en roja, justo antes de cambiar a verde. Es decir, la 3ª cuerda debe quedar ligeramente más grave de lo que “exige” el afinador. De no hacerlo así, la guitarra sonará a todo menos a guitarra afinada, templá.

    El método del intervalo de 4ªJusta, 5ªJusta y 8ªJusta.

    En primer lugar, afinamos la 5ª cuerda con un diapasón y la dejamos afinada a 440, es decir, el nº de vibraciones por segundo a que ha de vibrar una cuerda para emitir la nota A.
    A partir de aquí podemos cantar interiormente las dos primeras notas de la canción de Manolo Escobar que dice: “Mi carro me lo robaron”. Puede utilizarse cualquier otra canción, siempre que sus dos primeras notas sean un intervalo de 4ª justa. Esto es válido para afinar desde la 6ª hasta la 3ª, ya que en la 2ª y 1ª se utilizan otros intervalos. Por ejemplo:

    Sabiendo que la 5ª cuerda está a 440 comienza mi estribillo preferido:

  • Paso 1: Afinando la 6ª con la 5ª: Mi ca-rro (Mi-la-la)
  • Paso 2: Afinando la 4ªª con la 5ª: Mi ca-rro (Mi-la-la)
  • Paso 3: Afinando la 3ªª con la 4ª: Mi ca-rro (Mi-la-la)
  • Paso 4: Afinando la 2ª con la 6ª esto es un intervalo de 5ª justa
  • Paso 5: Afinando la 1ª con la 6ª (8ª justa)
  • Lo importante es que, a fin de cuentas, sea como sea, la guitarra quede bien templá, con carro o sin carro.

    Realmente, en circunstancias normales la afinación es un proceso de medio minuto de duración, si no menos. En cambio, condicionantes externos como la humedad, la temperatura, el estado de las cuerdas (muy nuevas o muy usadas), el estado del clavijero, etc, pueden jugar malas pasadas y afectar enormemente a la guitarra, dando la impresión de que no se deja afinar.

    A ello hay que añadir que, en el mundo del flamenco, los guitarristas y tocaores tenemos el inconveniente de llevar la cejilla puesta en cualquier traste: por fandangos al V, por soleá al VI, por seguiriyas al III por medio. Eso cuando no salimos… por peteneras. Solo faltaría que, entre palo y palo, tuviéramos que quitar la cejilla, comprobar con el afinador las seis dichosas lucecitas verdes (como si de un test de embarazo se tratase), volver a apretar la cejilla y comprobar, con gran frustración, que la guitarra sigue… destemplá. Así que de poco vale el afinador una vez se está en verea y a por faena.

    En conclusión: saber afinar es un arte y como tal debe ser aprendido. ¡¡Ponte las pilas tú, no el afinador!!

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